21 de noviembre de 2011

“Diez razones por las que las mujeres no oran- 1ra. Parte”


Hace unas semanas inicie la lectura de un nuevo libro titulado “El llamado de la mujer a la oración” por Elizabeth George; y no puedo negar que me ha confrontado un poco con relación a mi vida de oración a como nosotras las mujeres debemos aprender a tener a Dios en primer lugar para nosotras en todos los ámbitos de nuestra vida; y como ya nos conocemos, nosotros los seres humanos en particular las chicas somos muy llamadas a desahogar nuestras penas con alguna amiga o familiar primeramente antes de recurrir a los brazos de nuestro amante Dios. Reitero que no es malo hacer esto y es muy bueno recibir un consejo de una amiga cristiana o de nuestros padres o hermanos, pero el único que tiene todos el poder para llenar nuestros corazones en momentos de necesitad, dificultad, depresión, falta de amor o sea cual sea la situación en la que nos encontremos solo es DIOS.

Elizabeth en su libro nos señala 10 puntos por los cuales nosotras las mujeres muchas veces no oramos y los he dividido en 2 partes para poder abarcarlos de una forma más puntual, dentro de los cuales veremos:

1. La Mundanalidad: Tenemos que reconocer que la oración es un ejercicio espiritual y hay que mantenerlo ejercitado todo el tiempo, pero como estamos en este mundo caído somos constantemente bombardeadas con todo lo que se encuentra en él, “los deseos de la carne, los deseos de los ojos y la vanagloria de la vida” (1 Juan 2:16)

2. Ocupaciones: A veces tenemos tantas cosas, que si el trabajo, la familia, los hijos, el esposo, la iglesia; hay muchas ocupaciones y nos envolvemos en ellas de una forma tan particular que nos olvidamos tomarnos el tiempo para orar. Sabemos que fuimos diseñadas para hacer todas estas cosas; pero también nos damos cuenta que cuando iniciamos nuestro día sin Dios como cabeza le quitamos el orden a lo que debería ser nuestra máxima prioridad. María y Marta amaban a Jesús pero cada una de ellas tenía un orden de prioridad distinto.(Lucas 10:38-42)

3. Insensatez: Cuando dejamos que las cosas insensatas es decir sin sentido nos arropen y consuman, seguro descubriremos que no oramos; “El dejar de orar es un supremo acto de insensatez para la mujer de Dios”. Producto de este descuido en la oración llega un momento en que no logramos discernir entre el bien y el mal, entre lo prudente y lo insensato (Hebreos 5:14). Pero es bueno saber que cuando oramos Dios nos da sabiduría y quita de nosotros la frivolidad que ha sido arraigada por no tener una vida de oración.

4. Distancia: Definitivamente que cuando conocemos bien a las personas que nos rodean podemos hablar con mucho más facilidad con ellas sobre cualquier tema, lo mismo para con nuestra comunión con Dios. Si no decidimos tener una relación cercana con ÉL, entonces no tendremos nada que hablar con ÉL a través de la oración, porque no tenemos confianza para hacerlo libremente. Hay cosas que pueden crear una barrera ente Dios y nosotras como la negación, amargura, pereza, dejadez, pecado, distracciones y orgullo. Dios no ha desaparecido, no se ha mudado y mucho menos ha decidido hacernos la ley del hielo para no hablarnos, al contrario ÉL siempre está ahí dispuesto a escucharnos; tenemos que entender que el problema siempre es nuestro. (Santiago 4:8)

5. Ignorancia: La verdad es que Dios desea concedernos lo que nosotros le pedimos, lo que nuestro corazón anhela; esa es Su naturaleza (Mateos 7:9-11). Pero es una realidad que hay momentos en los que NO captamos la bondad de Dios ni su deseo y capacidad de proveernos. En una ocasión Charles Spurgeon dijo “Nos guste o no, pedir es la regla del reino”. Pidamos con todo nuestro corazón, no para nuestros propios deleites. Era como en una ocasión un niño entra a la sala antes de acostarse y dice a la familia “Me voy a decir mis oraciones. ¿Alguien quiere algo?”. No seamos egoístas al pedir solo por nosotros mismo, permitamos que la lista sea un poco más larga y agreguemos a aquellos que nos rodean; que se encuentran en necesitad también.

Es una realidad lo que Elizabeth dijo en una ocasión: “La oración es una vía que Dios nos proveyó para que nos comuniquemos con Él, y cuando aceptamos su invitación a tener comunión con ÉL, Dios transforma nuestro corazón y cambia nuestra vida”. Así que nuestro amado Dios lo único que nos pide es que entreguemos nuestra vida espiritual en el servicio de la oración; para clamar por nuestras familias, amigos, batallar por la condición espiritual de hasta nuestras mismas vidas, nuestro culto más importante vendrá acompañado de nuestro mayor sacrificio.

Espera la 2da. Parte de este estudio y propongamos tener ese encuentro a solas con nuestro Dios.

Bendiciones mil,

Kat.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Kat!!
Gracias por compartir este conmigo. La vida de oración es algo en la cual siempre tenemos que crecer y luchar por vivir
como El pide!!
Que Dios te bendiga mucho y nos haga a las dos mujeres de oración.

Besos
Maria T. Mirabal (Maite)

Carlos Read dijo...

Es interesante, es bueno, es hasta NECESARIO que de vez en cuando leamos un libro que nos "active" en nuestra vida de piedad (en este caso, nuestra vida de oración). Ojalá que el "Impulso" que nos da un libro como este, no se desvanezca en pocos días!
Esto también es aplicable a los hombres. Yo reconozco que tengo que orar MAS. A veces no es cuestión de tiempo, sino de podernos librar de las distracciones y "desconectar" nuestro cerebro de las cosas de este mundo para podernos concentrar en la persona de Cristo.
Gracias por compartir esto!!

Carlos Read

Carlos dijo...

Siempre leo tus increíbles escritos, me sorprende ver la manera tan especial en la que escribes cosas tan reales y especiales!

Te bendigo y te deseo todo lo mejor!! Y please!! Sigue mandandome tus msjs!!

Carlos