25 de noviembre de 2014

De la queja a la alabanza

Al leer este capítulo oré al Señor porque sabía que seria uno de los más fuertes para mí pues, constantemente lucho en mi corazón para no quejarme tanto y ver el lado bueno de las cosas y sobre todo ver cómo Dios utiliza cada situación para bendecir mi vida de alguna forma en particular aunque yo no lo perciba así.

Siempre existirán dos tipos de personas: los agradecidos y los desagradecidos. Aquellos que se quejan constantemente y aquellos que adoran no importando su condición.

A ti que leerás las dos partes de esta sección titulada “De la queja a la alabanza” al final tendrás las herramientas para decidir si eliges ser agradecida o desagradecida, reconocer una bendición o simplemente pasarla por alto, identificar un acto de bondad o ignorarlo negligentemente.

Algo que me llamó mucho la atención en esta primera parte del capítulo es como Nancy nos relata la historia de la autora de himnos Fanny Crosby, esta tremenda mujer de Dios tuvo que tomar una decisión en su vida respecto a cuál de esos dos grupos de mujeres pertenecería (agradecidas o desagradecidas). Cuando Fanny tenía 6 semanas de vida presentó una infección en la vista y su médico le colocó unas compresas calientes que le dañaron completamente su tejido ocular, dejándola completamente ciega. Pero esto no fue lo que me dejó perpleja, sino el hecho de que esta condición no afligió a esta mujer ni la llevó a estar en el banquillo de los desagradecidos.

Al contrario, Fanny fue la autora de más de ocho mil himnos cristianos, suficientes para llenar una colección de quince himnarios completos. Su casa editorial tuvo que asignarle varios seudónimos para que las personas no se dieran cuenta que todos estos himnos provenían de una sola persona y así fuera una producción creíble. Eso merece un ¡Gloria a Dios! Definitivamente Fanny no hubiese podido escribir esas bellezas de himnos inspirados a Dios con la vista puesta en objetos interesantes que la distrajeran de su foco principal “Cristo”. Mis amadas, pagamos un precio enorme por nuestra ingratitud, es sumamente importante que cultivemos una actitud de agradecimiento en nuestros corazones, para lo cual nos ayudará ver seis diferencias entre las mujeres agradecidas y las desagradecidas que nos presenta la autora, para que así analicemos ¿a cuál de las dos nos parecemos más?

1.    ¡Mejor de lo que merezco!

Una característica importante de una mujer agradecida es que es humilde, mientras que en la mujer desagradecida la ingratitud revela un corazón orgulloso. La gratitud revela lo que hay en el corazón, y entre las cosas que más revela de nosotras se encuentra nuestro nivel de humildad.

Henry Ward Beecher dijo en una ocasión: “Una mentalidad humilde es el suelo fértil en el cual crece espontáneamente el agradecimiento.” Cuando una mujer se siente con derecho a ser bendecida, no hace falta que le preguntemos muchas veces cómo le va para saber con quién estamos tratando. Henry estaba en lo cierto cuando decía “Un hombre orgulloso rara vez es agradecido, pues cree que nunca recibe lo que merece.” Es completamente cierto que el orgullo es el padre de la ingratitud y el asesino silencioso de la gratitud.


2.    Con mi ojos puestos en ti

Un corazón agradecido está centrado en Dios y a la vez es consciente de los demás, mientras que una mujer desagradecida es egocéntrica y solo consciente de sí misma. Esta segunda historia que relata Nancy creo que nunca la olvidaré, trata sobre el misionero Dick Dye que se encontraba en los campos mejicanos de Acapulco, quien siempre que tenía una oportunidad subía a una montaña cercana y meditaba en las promesas de Dios y oraba por esa ciudad. Un día vio una cruz encima de un hotel y sintió que no estaba solo, fue allí a darle las gracias al gerente por dejarse usar por Dios, al escucharlo el gerente cayó en llanto y le dijo “Cuántos años he sido criticado por colocar esa cruz allí, y usted ha sido la única persona que me da las gracias por ella”. Ese encargado del hotel le ofreció a Dick ministrar en una pequeña capilla que había en el hotel y de allí salieron cuatro congregaciones mejicanas… ¡Qué grande es Dios!

Las mujeres agradecidas son aquellas que buscan bendecir a otras, mientras que las desagradecidas se sienten inclinadas a gratificarse a sí mismas. Este encargado de hotel se sentía tan agradecido en ese momento que Dios lo uso para bendecir a Dick y mira que frutos salieron de allí.

Bendiciones,

Kate

No hay comentarios: