29 de septiembre de 2014

"La ruta de la envidia"

Desde los inicios de la humanidad encontramos la envidia. Se trata de un sentimiento o estado mental en el cual existe dolor o desdicha por no poseer uno mismo lo que tiene el otro, sea en bienes, cualidades superiores u otra clase de cosas. Tal fue el estado de ánimo de Eva cuando deseó ser igual a Dios y se dejó seducir por la serpiente para comer el fruto prohibido buscando tener conocimiento absoluto. “Y la serpiente dijo a la mujer: Ciertamente no moriréis. Pues Dios sabe que el día que de él comáis, serán abiertos vuestros ojos y seréis como Dios, conociendo el bien y el mal. Cuando la mujer vio que el árbol era bueno para comer, y que era agradable a los ojos, y que el árbol era deseable para alcanzar sabiduría, tomó de su fruto y comió; y dio también a su marido que estaba con ella, y él comió. Génesis 3: 4-6”

 El pecado de la envidia no viene sólo sino que arrastra muchos otros consigo y en especial la falta de amor al prójimo. En el libro de Melissa Kruger “La Envidia de Eva- Cómo encontrar contentamiento en un mundo codicioso” hallamos un párrafo cuyo contenido es muy valioso para reflexionar sobre el tema que estamos tratando. Ese párrafo lee como sigue: “Usualmente es una mujer envidiosa y herida la que habla palabras sin bondad acerca de otra mujer. Un corazón relacionalmente amargado encontrará muy rápidamente faltas en las demás. He observado con tristeza cómo mientras una mujer es alabada por su carácter o servicio, otra mujer interviene para compartir un chisme acerca de ella con el fin de derribar su imagen. La mujer chismosa no puede quedarse tranquila mientras otra mujer es alabada."

 Es muy triste cuando este tipo de cosas suceden en medio de nosotras –Mujeres Cristianas- que damos riendas sueltas a criticar, murmurar y desear las cosas que otras tienen… definitivamente esto es pecado. Vale la pena preguntarnos: ¿Cuáles son en realidad los deseos de nuestro corazón? Estudiar sobre la envidia de Eva, nos puede guiar claramente a entender cómo los deseos se convierten en codicia y las consecuencias de que este pecado se apodere de nuestros corazones.

La codicia ahoga el fruto del Espíritu en nuestras vidas, por lo que sólo florecerá eminentemente el descontento en nosotras. La clave para superar este pecado es llegar a la raíz de nuestro problema: La incredulidad = Desconfiar en la soberanía y la bondad de nuestro Dios. Ese entendimiento solamente lo podremos lograr yendo a los pies de Jesús.

 No nos comparemos con nadie, comprendamos que somos únicas e irrepetibles, y sobretodo como cristianas, somos hijas de Dios. Debemos estar satisfechas con lo que Dios nos ha permitido lograr, con los talentos que ÉL nos ha dado, brillemos o no, debemos estar felices disfrutando de esta jornada llamada VIDA.

Debido a este pecado en ocasiones nuestro estado de ánimo no es bueno cegándonos a las maravillas que nos rodean, impidiéndonos así contar todas nuestras bendiciones, que realmente son muchas.

Bendiciones,
Katerine Fernández

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