25 de diciembre de 2011

“Gozo por la sumisión”


Recordar el nacimiento de Jesús es algo sumamente gratificante para mí y todos aquellos que recordamos su llegada al mundo para posteriormente morir por nosotros y brindarnos el regalo de la salvación. Si leemos en el libro de Lucas 1:26-38 retomaremos el inicio de la historia en donde por primera vez el ángel Gabriel se le aparece a María para comunicarle que ella iba a ser madre pronto, es decir, iba a contener en su vientre al que sería el Mesías. “Entonces el ángel le dijo: María, no temas, porque has hallado gracia delante de Dios. Y ahora, concebirás en tu vientre, y darás a luz un hijo, y llamarás su nombre JESÚS.” (Lucas 1:30-31).

Si analizamos lo que esto implicaría para ella, no sería una tarea muy fácil. Era una joven comprometida con un hombre para casarse, era virgen y vivía en Galilea una aldea muy pequeña; donde todos se conocían y esto conllevaría que tendría que enfrentar la sentida vergüenza de su embarazo prematrimonial. Me imagino que tuvo que dar explicaciones a sus padres por la visita hecha por el ángel para explicar la condición de su embarazo y quizás esto no haya calmado la situación completamente. Y qué decir del escándalo que sería cuando José se enterara de lo sucedido, esto podría interrumpir los planes de la boda y si pensamos en José; ¿Qué le diría ella? ¿Este le creería?.

Pero qué hermoso es saber que Dios en su infinita voluntad tiene cada cosa programada y orquestada para la perfección. A pesar de todas estas inquietudes que había en el corazón de María su respuesta fue de pura sumisión. “Entonces María dijo: He aquí la sierva del Señor; hágase conmigo conforme a tu palabra.”(Lucas 1:38). Y si retomamos la parte de la historia en donde José al no querer infamarla por su condición de embarazo quiso dejarla secretamente, pero Dios no lo permite enviándole un ángel en sueños comunicándole: “Y pensando él en esto, he aquí un ángel del Señor le apareció en sueños y le dijo: José, hijo de David, no temas recibir a María tu mujer, porque lo que en ella es engendrado, del Espíritu Santo es. Y dará a luz un hijo, y llamarás su nombre JESÚS, porque él salvará a su pueblo de sus pecados.” (Mateos 1:20-21).

El Señor iba a cumplir su obra tal y como lo había profetizado desde mucho antes, pero El quería que tanto María como José estuviesen al tanto y seguros de que El caminaría con ellos en medio de este proceso y aunque fuese doloroso el camino su final iba a ser victorioso. La entrega y el abandono hacia Dios completamente de ambos ante Su voluntad me recuerdan que por lo general, una vida notable va precedida de un corazón dispuesto a someterse a la voluntad de Dios, a dejar que El lo dirija sin importar cuánto cueste. No importa lo que ocurra, nuestras vidas son parte de un cuadro mayor.

Aunque el panorama de esta historia se veía complicado, embarazada y sin casarse, enfrentar la vergüenza pública y al final recorrer una larga distancia para dar a luz en un establo, definitivamente no es muy alentador. Pero después de esas palabras dichas por el ángel Gabriel, María sabía que Dios estaba haciendo algo especial; a pesar de su situación ella comprendió que era privilegiada en ser parte de la acción de la misericordia de Dios de generación en generación. Y José se sujeto al plan de Dios callando y haciendo Su voluntad sin preguntar ¿Por qué?.

¿Estamos tú y yo dispuestos a dejar que Su voluntad se cumpla en nuestras vidas?, sin preguntar ¿Por qué a mí?, ¿Por qué yo?; el análisis de esta historia ha dejado en mi corazón estas preguntas. Dios hace con quien El quiere como El quiere, pero en su infinito amor nos hace sentir seguros en medio de nuestro caminar y nos recuerda que va constantemente sostenidos de nuestra mano. Aunque para María y José no fue una tarea fácil el tomar estas decisiones y caminar ciegamente siguiendo la voluntad de Dios sin importar el ¿Qué dirán?, hoy tu y yo podemos regocijarnos al saber que ese nacimiento de Jesús y su muerte en la cruz del calvario hoy nos han dado vida y una vida que va mucho mas allá de la muerte.

El mayor regalo que nosotros podemos recordar que Dios le dio a la humanidad fue el nacimiento de su hijo Jesús, recordemos que al nacer el Salvador del mundo, la alegría y el optimismo debe inundar nuestros corazones.

Bendiciones para todos y dejemos que Dios nos guie en todo lo que hagamos rindiéndolo todo a EL sin escusas.

Kat.

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